EDITORIAL

08 de Noviembre del 2022

La Democracia Cristiana, partido conocido también como “la flecha roja”, se encuentra fuera de una coalición política, y sumando controversias, fracasos en apuestas presidenciales, renuncias y la fuerte derrota en el plebiscito constitucional.

Su historia cuenta con insignes personajes que ya partieron como Gabriel Valdés y los expresidentes Eduardo Frei Montalva y Patricio Aylwin Azócar. Pero de las glorias pasadas, hoy nada. La crisis en la DC no acaba.

Este lunes se conoció una nueva renuncia a la militancia, la del expresidente del partido Ignacio Walker, que se suma a otras más antiguas como las de Mariana Aylwin, Soledad Alvear, y las recientes dimisiones de Ximena Rincón, Matías Walker y Claudio Orrego.

A través de su Twitter @ignaciowalker comunicó: “Con mucho dolor, he renunciado al partido de toda mi vida, la Democracia Cristiana”. Agregó que “Solo tengo palabras de gratitud hacia un partido que ha escrito de las páginas más notables de la historia política chilena y latinoamericana”.

Si bien cambió de logo, la clásica flecha roja de DC es inolvidable, y parece haber empezado a sangrar sin parar, con nada que detenga su herida abierta.

Pero no es la única colectividad que durante estas últimas semanas han  registrados situaciones más que preocupantes en algunos partidos políticos de la llamada “vieja guardia”.

También destacados integrantes de estas colectividades, algunos de los cuales igual han llegado a ser hasta presidentes del partido, han renunciado luego de la contundente votación del 04/Sep a favor del Rechazo a la Constitución que el actual Gobierno les estaba ofreciendo a los chilenos.

Y muchos de lo que hoy han dejado su partidos fueron en su momento ministros de Estado, senadores, diputados, embajadores, representantes ante organismos internacionales, en fin, pasaron por importantes actividades en el marco de sus convicciones políticas y sociales trabajando para el servicio público, actividad que hasta el día de hoy requiere de una cada vez mejor calidad no sólo para el país, sino también hacia el extranjero.

No obstante, y para centrarnos solo en la DC dado que desde su nacimiento ha tenido una historia importante dentro de la historia política chilena, lo que por motivo alguno no se entienda que todas las demás colectividades no la tuvieron, nos vamos a referir por ahora a la grave crisis que se ha generado en el Partido donde muchas de sus figuras de reconocida trayectoria dentro de la DC han presentado su dimisión por la actuación y forma en que la directiva nacional que encabezaba hasta hace poco tiempo a la llamada antiguamente “Falange” mantuvo su convicción  de que la DC debía  votar el 04/Sep por el Apruebo  y no por el Rechazo, sin importarle mucho, al parecer, lo que podría haber significado para el país si ganaba esa postura.

La pregunta que quizás muchos se hicieron al momento de presentar su renuncia a la DC, algo que suponemos no debe haber sido fácil, ni tampoco feliz, sino al contrario, una tremenda decisión y esfuerzo humano muy triste, ni menos sencillo, sin duda que se justifica y merece ser celebrado.

Lo anterior, asumiendo que tomaron conciencia de que era mejor atreverse a hacer el intento y dar un paso al costado  y no haberse quedado callado o sin moverse de su partido, no teniendo ni la más mínima intención de volver a seguir cumpliendo bien su función y dejando por el suelo a la colectividad que mantuvo toda una trayectoria política en la historia de Chile.

Si duda que se entiende y se justifica el tremendo esfuerzo humano y político de quienes renunciaron a la DC, sabiendo que seguramente tenían escasa o ninguna posibilidad de lograr revertir la actual forma de encabezar y continuar adelante con el Partido  Demócrata Cristiano que desde su nacimiento manifestó su apego a una inspiración social cristiana y siendo además en su momento, el partido mayoritario, en términos de su adhesión electoral-  de la llamada en su momento  “Concertación de Partidos por la Democracia”.

Los que hoy se han alejado de la DC, sin duda que poniendo fin al miedo, a las inhibiciones, han tenido muy presente que Chile da para mucho más y que se justificó el esfuerzo de retirarse de la colectividad.

De lo contrario, habrían pasado a ser unos más de los políticos que hoy no tienen ninguna memoria de su país. En una editorial anterior, el Diario de la Educación advirtió que Chile hoy no es más que otro país latinoamericano. Es más, también se puede agregar que muy pronto no marcaremos ninguna diferencia con el resto del barrio. El escenario actual presenta en ese sentido desafíos mayores para la estabilidad.

Esta nueva clase política que está emergiendo día tras días deberá demostrar y saber trabajar en la nueva forma de cómo hoy funciona la política, no sólo en Chile sino en países más desarrollados. Es decir, una clase política más estructurada, con  ideas más adecuadas, modernas y convenientes para toda la ciudadanía.

Dicho de otra forma, que demuestren la verdadera intención de una imagen con más seriedad, más energía y buenas intenciones con el fin de alcanzar el éxito para Chile con mejores trabajos, consumo, estabilidad  y  recuperando el valor social y la confianza ante los ciudadanos.

Bajo esta dimensión, en el quehacer diario de todas las cosas, Chile podría llegar a convertirse en un país más grande, seguro y mejor. No seamos siendo un país sin memoria.

 

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