EDITORIAL


Este mes de octubre ha quedado clara a la luz de lo ocurrido con motivo del aniversario del llamado “estallido social” del 18/10 de 2019 la impresión de que Chile ha vuelto a ser una país más de la región. Definitivamente, ya no somos  mejores que el resto de Latinoamérica. Lo anterior, debido a que llama mucho la atención que las reformas de libertad y oportunidades parecen haberse acabado o van en dirección contraria a ese período en que el país llevaba la delantera.

La situación no deja de ser preocupante teniendo a la vista tendencias regresivas, a través de las cuales de observa una clara pretensión del Gobierno de quitarle oportunidades a la gente. Las reglas parecen ser más Estado y menos actividad privada, más impuestos y menos intensivos, más redistribución y menos crecimiento.

Un ejemplo de lo anterior es el hecho que no se ven proyectos precisos de una libertad en la educación para todos los colegios. Un sólo ejemplo de ello es lo que se anunció con respecto a los Liceos Bicentenario,  algo que ojalá no ocurriera después con algunos otros colegios no estatales, técnicos profesionales o subvencionados, entre otros.

Sobre los Bicentenario, creados  no hace muchos años, el ministro de Educación, Marco Antonio Ávila, anunció la semana pasada de manera casi “tajante” que estos establecimientos (320 a lo largo del país) “no continuarán como se les conoce” con el actual Gobierno y que analizarán los recursos que se le asignan cada año.

También se informó oficialmente que el proyecto de presupuesto para 2023 reduce en un 32,9% los aportes a los Liceos Bicentenario. Y como si el anterior anuncio fuera poco, el ministro Ávila agregó que “cuando se acabe el convenio esos liceos dejarán de recibir recursos especiales y recibirán como cualquier otro, anuncio que provocó un inmediato revuelo político.

Así las cosas, estas trabas al emprendimiento y -en este caso en la educación- igual generan una mala distribución del ingreso que el gobierno actual prometió a sus electores durante la campaña presidencial que llevó al Presidente Boric a La Moneda.

Lo que está de a poco ocurriendo en nuestro país es, por decir lo menos, algo alarmante porque en vez de propiciar más bien lo moderno, lo responsable o un buen futuro, está generando, puede que sin ninguna intención, un nivel de impotencia y preocupación en gran parte de la ciudadanía.

En Chile hay muchos jóvenes talentosos y muy motivados, pero que no encuentran espacios para participar, salvo contadas excepciones.

En consecuencia, si las actuales autoridades de gobierno en vez de aportar y ayudar a abrir espacios de participación a la educación en todos sus niveles, ya sea  en establecimientos estatales o privados, se corre el riesgo que ella se manifieste en una fractura antisistémica, como ya está ocurriendo todas las semanas con los llamados “overoles blancos”.

Hoy en Chile sin duda que esta violenta postura, de una parte importante de la juventud, se está fraguando día a día y sin que ninguna autoridad haya logrado hasta el momento detener a los ¿overoles blancos’, no vaya a ocurrir que de pronto se extienda y de verdad pongan en jaque al sistema.

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