EDITORIAL


El 26 de septiembre se cumplió el plazo para presentar indicaciones al proyecto llamado Miscelánea de Educación, donde el gobierno busca reponer el carácter voluntario de la Evaluación Docente.

Sin duda que cualquier ciudadano entiende que si bien durante los años de pandemia se haya dejado dicha evaluación de manera voluntaria hasta el presente año, es de toda lógica retomar su obligatoriedad en 2023, como se acordó desde un principio, pero hoy se vería impedido si el gobierno y el Colegio de Profesores insiste en mantener la voluntaria hasta 2024.

No obstante, teniendo presente lo difícil que debe ser proyectar su evolución y que tampoco se puede privar a todos los docentes de la oportunidad de progresar en su carrera, es necesario y de mucha conveniencia para ellos una evaluación externa.

Entendiendo lo difícil que ha sido para todas y todos los profesores la situación sanitaria que les tocó vivir no sólo a ellos, sino que a todos los ciudadanos del país producto de la pandemia y que nadie niega la  crítica que hacen de  las serias falencias en infraestructura en que deben trabajar, en algunos colegios, los problemas de salud mental y convivencia escolar que develó el abrupto retorno a la presencialidad, eso no es ninguna excusa para privar quizás a la mayoría de los docentes de la oportunidad de mejorar en su calidad profesional.

Es sabido que el Colegio de Profesores lo que cuestiona es el sistema de evaluación y el agobio que se genera al tener que  dedicar -dicen algunos-  mucho más tiempo a preparar las evaluaciones que el trabajo pedagógico con los niños. La pregunta que uno se hace es: será tan así?

Se sabe que evaluación no es lo mismo que calificación y muchos pierden de vista que la evaluación es una herramienta de aprendizaje. Es más, algunos siguen anclados en esa falsa creencia de la ‘calificación’ y olvidan o prefieren olvidar que la evaluación es también una herramienta de aprendizaje para los alumnos, objetivo y obligación principal de todos los docentes.

Incluso algunos especialistas en el tema educacional afirman que los profesores, con sólo un poco de buena evaluación, podrían saber cómo mejorar, y hacer unos pequeños cambios para enseñar mucho mejor a sus alumnos.

Si los padres y apoderados quieren darles la mejor educación a  sus hijos, la clave para ellos obviamente es matricularlos en buenos colegios y con abnegados profesores que inspiren, despierten sueños, abran caminos y hagan crecer a sus hijos.

En consecuencia, el no querer evaluarse, es no contribuir a mejorar la calidad de la educación y ser responsables a futuro como los grandes culpables de los problemas de la educación chilena.

 

 

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