EDITORIAL


El próximo domingo los chilenos tendremos que participar en el plebiscito de salida para Aprobar o Rechazar el texto de una nueva Constitución para Chile. La ciudadanía votará por un modelo de Constitución que, según todas las encuestas de opinión, indican estaría ganando el Rechazo. De darse ese resultado, todo hace pensar que se ha llegado a esto porque muchos de  los convencionales que redactaron el nuevo texto, han propuesto otro modelo cargado de iniciativas donde se plantean  refundaciones en todo tipo de actividades, las cuales en muchas de ellas y por décadas Chile ha experimentado un crecimiento material que ha traído  innumerables beneficios para todos los chilenos.

Lo anterior ocurrió, porque quienes propusieron estos cambios definitivamente se negaron y no fueron capaces de corregir y revertir la sensación de malestar que fue generándose en la ciudadanía, sino por el contrario, no escucharon “la voz del pueblo” y el descontento se fue profundizado también por la bajísima credibilidad en algunos  dirigentes políticos y en el pobre y casi ningún aporte interesante que hicieron los convencionales que participaron como independientes, los que demostraron no tener ninguna  habilidad profesional, ni tampoco autoridad, (salvo algunos connotados convencionales independientes)  para asumir tan importante misión con el fin de que la nueva constitución sea como se dice “la casa de todos”.

A mayor abundamiento, estos últimos convencionales que participaron en la redacción del texto fueron personas que poco o nada sabían de las más importantes materias y  asuntos que requiere un país para que la sociedad entera viva tranquila, en paz, en armonía, con un crecimiento económico que le traiga más beneficios con mayores niveles de justicia y solidaridad.

No está demás hacer presente que, salvo poquísimos artículos de la propuesta constitucional, el resto son más bien ideas que, en vez de mejorar, podrían afectar mucho más  a una inmensa mayoría de los chilenos.

Para mencionar algunos de los tantos defectos que tiene esta propuesta de nueva Carta Magna, está el hecho que se desconoce el rol del Estado en cuanto a coordinar los esfuerzos de personas  particulares con el fin de alcanzar el bien común de toda la sociedad, restringiendo la  corresponsabilidad de los privados y olvidando por completo que la diversidad es fruto de la libertad.

Si bien cualquier cambio de algo importante -como en este caso una nueva Constitución para Chile-  siempre ocurre el hecho que generalmente  no se logra acuerdo en todo lo que se transformó y aun cuando en el horizonte se pronostica trabajar después del lunes 05 de septiembre para lograr un  consenso entre el Gobierno, los partidos políticos y grupos independientes y mejorar lo que la ciudadanía estaría rechazando en el plebiscito del domingo, bien vale la pena dar algunos ejemplos del por qué  no se aprobaría el texto, en una o dos materias que por ser éste, el Diario de la Educación nos centraremos en esta actividad.

La educación, que como materia tratada en la Convención Constitucional ha estado en el centro del debate, sólo cabe reiterar como ejemplos, los siguientes cambios que contiene el texto y que de aprobarse sería una oportunidad perdida para Chile: “es perjudicial la eliminación del derecho y deber preferente de los padres y tutores sobre la educación de sus hijos; no contempla la libertad y autonomía para crear y desarrollar proyectos educativos propios; el eje estratégico del Sistema Nacional de Educación será la educación pública, que integrarán todas las universidades, institutos, centros de formación técnica, academias creadas o reconocidas solo por el Estado; no hay claridad alguna en cómo se resguardará el derecho a la educación de los estudiantes que hoy eligen las universidades privadas porque la propuesta de Constitución establece que la educación es un deber primordial e ineludible del Estado que se define como actor principal el sistema educativo.

Al respecto muchos y destacados abogados constitucionalistas, escritores y académicos dicen que una auténtica libertad supone que todos los ciudadanos tengan ciertas certezas mínimas respecto de su futuro y así poder trabajar con la confianza necesaria para  desplegar sus propios talentos.

Es de toda justicia, entonces, que como sociedad tengamos las condiciones necesarias para que toda persona tenga la tranquilidad para manejar su propia vida, su educación, su trabajo y el cuidado de su familia, donde no sólo el Estado, sino también las personas se hagan cargo y decidan su modelo de vida estando siempre a la altura del deber que  cumplen y puedan poner sus talentos, ideas y anhelos para beneficio de toda la sociedad.

 

 

Cápsulas Constitucionales

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