EDITORIAL


El 4 de septiembre Chile volvió a ser lo que siempre ha sido, un país con vocación de centro. Nos gusta la tranquilidad, el disponer de una vida segura, tener familia que crezca y se eduque en el ambiente que nosotros elijamos, que nuestros hijos tengan una vida feliz, darnos los gustos que, según cada familia, más les plazca, celebrar nuestras Fiestas Patrias, los fines de semana largos; es decir, vivir en el Chile que siempre hemos conocido.

Eso fue lo que pasó en la elección de comienzos de septiembre, más de seis de cada diez chilenos, le dijo al Gobierno: NO.

Los chilenos le dijimos; no queremos plurinacionalidad, no queremos incertezas en la propiedad privada, no queremos que desaparezca el Senado de la República, no queremos educación ni salud, única y solo estatal, no queremos que nuestros ahorros previsionales se los lleve el Estado, no queremos que el agua sea estatal, no queremos que aborto sea permitido, más allá de las tres causales, como así  también, tanto otros no que nos traía el proyecto de constitución fracasado.

¿Y cuál ha sido la reacción de las autoridades gobernantes? Salvo un improvisado y cosmético cambio de gabinete, ninguna, y siguen actuando como si el fracaso del 4 de septiembre no fuese responsabilidad exclusiva de ellos mismos. No olvidemos que la ministra Vallejos, se olvidó que era ministra de Estado y se transformó en una disciplinada militante del partido, replicando lo que el presidente del Partido Comunista le había notificado al gobierno, el día anterior. Nuestra Canciller anunciando su reunión con el Rey Carlos II, fallecido en el 1300; nuestro Embajador en España desmintiendo a su jefe, el presidente de la República criticaba, en una ceremonia oficial en Madrid, que todos los males de Chile se debían a los treinta años anteriores, en que gobernaron personeros de la Concertación.

Nuestro jefe de Estado se negó a recibir al Embajador de Israel, para que presentase sus cartas credenciales, provocando un conflicto internacional. Nuestro presidente, en la Universidad de Columbia, realmente y por decir lo menos, nos puso incomodos, cuando lo vimos saludando con una reverencia a un amigo imaginario y mostrando tanta informalidad, que no parecía el presidente de una República de más de 200 años de existencia. Y luego, como un broche de oro, también en Estados Unidos, en una entrevista televisiva, nos dice que el 62% que votó rechazo es el equivocado y que el problema es que el va mas rápido que el pueblo. Según su interpretación,  la gente quería cambios profundos, pero queriendo mantener lo que hemos ganado en las últimas décadas. Si esa es su interpretación, no cabe duda que nuestras autoridades no han entendido nada de nada y mantienen en su accionar, algo que molesta profundamente a nuestros compatriotas, como es, la arrogancia.

La arrogancia no es buena compañera de ruta, en la vida. Lo que esperamos de nuestras autoridades, es prudencia en sus decisiones, que muestren menos ignorancia y que sean humildes en su accionar.

 

Cápsulas Constitucionales

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