EDITORIAL

11 de Noviembre del 2022

En su primer día de visita a La Araucanía con un considerable despliegue de seguridad, el Presidente Gabriel Boric reconoció la existencia de actos terroristas en la Macrozona Sur y dejó entrever que en el Gobierno no dialogará con la Coordinadora Arauco Malleco (CAM).

Además, admitió que “en la región ha habido actos de carácter terrorista”, como el ataque al Molino Grollmus en Contulmo, región del Biobío. Pero se mostró contrario a la invocación de la ley antiterrorista, argumentando que “ha traído pésimos resultados para las víctimas y para el Estado por lo que no es una herramienta jurídica adecuada para enfrentar estas situaciones”.

Incluso fue enfático en condenar hechos de violencia que antecedieron a su llegada a La Araucanía, como los ataques incendiarios a una escuela rural en Curacautín y a una iglesia en Victoria, definiendo a sus autores como “cobardes”. Es más, consultado por esto último, no tuvo ni la más mínima delicadeza al realizar dos analogías, como una manera de responder si está dispuesto a reunirse o no con la CAM. Ante preguntas de la prensa, contestó:

¿Sabe Ud. qué me recuerda  la quema de la Iglesia en Victoria?  me recuerda la década de 1930 cuando los nazis quemaban sinagogas ¿Sabe qué me recuerda la quema de la escuela en Curacautín? Me recuerda cuando en septiembre y octubre de 1973 la dictadura militar quemaba libros en la plaza San Borja. A eso se parece esa gente y a esa la vamos a perseguir y le vamos a ganar a la violencia.

Sin pretender, en modo alguno el defender a los nazis o a la dictadura chilena, cabe preguntarse que si el Mandatario tuvo memoria para acordarse de dos hechos de hace ya varias décadas y décadas de años, cómo no se refirió también a algo más cercano a esta época y no le vino ningún recuerdo de lo ocurrido en Chile cuando se produjo el llamado “estallido social” de octubre de 2019 en nuestro propio país.

Ocupando su misma analogía, pero con hechos más recientes ¿no se acordará también que en esas protestas hubo varias Iglesias (algunas declaradas monumento nacional) que resultaron completamente quemadas; 32 fallecidos, principalmente asociados a incendios  (15 casos), enfrentamientos entre ciudadanos (7 casos), o con uniformados (5 casos); además que hubo más de 3400 civiles, y 2000 Carabineros lesionados en distintos grados; incendios, saqueos en recintos como supermercados, farmacias, bodegas, empresas privadas en Santiago y otras ciudades del país,  pérdidas económicas  estimadas en 3300 millones de dólares, considerando daños a la propiedad pública y privada, incluido el Metro de Santiago?

Volviendo a los dichos del Presidente en La Araucanía, el Diario de la Educación se acordó de lo que Boric dijo el día antes de viajar al sur en una ceremonia en la Escuela de Carabineros: “Quiero que sepan que me despierto y me acuesto pensando justamente en cómo hacerlo mejor en esta dimensión”, en referencia a la delincuencia y actos de violencia no sólo en la Región de la Araucanía, sino en varias otras regiones del país.

Con el debido respeto que se merece, el mejor consejo para que el Jefe de Estado se acueste y duerma tranquilo, quizás podría ser el buscar a mejores analistas que le aporten con ideas y propuestas claves para lo que está sucediendo con la delincuencia, con asesores más expertos, promoviendo un diálogo distinto, riguroso, con contenido y mucha seriedad de cara al progreso y al futuro de Chile. Así quizás podría recibir “sin desvelarse” nuevas ideas para que nuestro país y sus ciudadanos también puedan dormir tranquilos.

 

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