EDUCACIÓN


Además, se apunta a "grupos altamente ideologizados" que "se han tomado las aulas, impidiendo que los niños se eduquen”.

Padres y apoderados están cansados de la violencia estudiantil que se ha tomado la agenda tras el retorno a clases presenciales luego de los momentos más duros de la pandemia. Frente a esto, apuntan a que más que diálogo, se deben emprender acciones para que los jóvenes “entiendan” las consecuencias de sus actos. Por otra parte, se señala a “grupos altamente ideologizados” que “se han tomado las aulas, impidiendo que los niños se eduquen”.

Desde la Asociación Nacional de Padres y Apoderados de Colegios FIDE, Anapaf, su presidente Ricardo Salinas, en conversación con el Diario de la Educación, repudió los actos de violencia que se han visto en los últimos días, y llamó a los estudiantes a asumir su rol como parte de la comunidad educativa y canalizar sus demandas mediante el diálogo.

“Lo primero es condenar los hechos graves que están ocurriendo nuevamente en las calles de Santiago y otros lugares. Creemos que no es el camino. Hay ciertas reivindicaciones de los estudiantes que deben ser escuchadas, pero estos deben entender que las cosas no se pueden ejecutar de un día para otro. La violencia nunca ha sido un método para lograr cosas y lo condenamos de forma transversal”, explicó.

Asimismo, Salinas añadió que las complejidades que tienen este tipo de actos es que, por un lado, generan más retraso en la formación y adquisición de contenidos, lo que ya se había afectado durante la pandemia, y porque involucran a otros estudiantes que sí quieren aprender y estudiar. “Esto es complejo, no solo por el atraso de los contenidos que deben recibir los estudiantes en sus respectivos colegios, porque aquí son unas minorías que capturan la jornada diaria de una mayoría que generalmente sí quiere estudiar”, enfatizó.

Para el dirigente, es la autoridad la que debe canalizar las demandas y tomar acciones. “Esto es repudiable y creemos que debiera terminar en forma inmediata. Los jóvenes deben asumir su rol como estudiantes, ellos tienen derecho a opinar y a levantar sus reivindicaciones, pero a la vez la autoridad debe canalizar las acciones de estos estudiantes de manera que por un lado sean escuchados, pero que vean que el método que están utilizando los perjudica no solo a ellos, sino que a todos”, recalcó.

En ese sentido llamó a la autoridad a tomar acciones. “Derechamente, creemos que más que el diálogo de la autoridad, debiera venir acompañado de acciones, para que los jóvenes también entiendan que los actos de violencia, aparte de destruir lo poco que tenemos, van a requerir de más recursos que no tenemos. En ese sentido, es una contradicción bastante profunda de estos jóvenes y adolescentes”, subrayó.

Por su parte, Teresa Romero, vocera de la Agrupación Escuelas Abiertas, manifestó -también al Diario de la Educación- que la violencia debe terminar, por el efecto que tiene en toda la comunidad, y responsabilizó a quienes han validado la violencia, a grupos ideologizados y a la pérdida de respaldo que han tenido los docentes.

“La violencia que se ha extendido desde el inicio del año escolar y ha aumentado últimamente debe terminar. Se debe actuar de manera coordinada desde el colegio, informar a los apoderados cuando los estudiantes no están presentes, averiguar dónde están y qué hacen. Se debe hacer un trabajo coordinado de la gestión de la convivencia escolar. El foco debe ser que los niños deben estar dentro de las salas de clases y no en otros lugares. Hoy más que nunca se debe fortalecer e incorporar a la familia y a los padres como los primeros educadores”, acentuó Romero.

A su juicio, los efectos de esto son lamentablemente el perjuicio que se causa en aquellos alumnos que sí quieren seguir su proceso de formación y recuperar los contenidos. “Estos hechos cierran escuelas, volviendo a formatos de clases online, generan ambientes desfavorables y se rompen confianzas entre estudiantes y profesores. Vulneran el derecho a educación de los estudiantes y de sus familias, alteran el funcionamiento de la comunidad educativa y, lo más grave, es que sigue aumentando las brechas que ya estaban incrementadas por la pandemia”, reprochó.

Agregó que “los responsables de la violencia estudiantil, en primer lugar, son todos aquellos que la han validado como forma de manifestación en estos últimos años. En segundo lugar, vemos una sociedad que ha dejado de respaldar a los profesores, perdiendo autoridad frente a los alumnos. Y por último, tenemos grupos altamente ideologizados que por estos motivos se han tomado las aulas, impidiendo que los niños se eduquen”.

 

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