NACIONAL


En entrevista con el Diario de la Educación, Alejandra Ríos, directora del programa Diploma de Habilidades laborales de la UNAB, sede Viña del Mar, se cuestiona si lo avanzando en materia de Inclusión ha impactado en las reales motivaciones que tienen los empleadores de incluir en su planta personas con discapacidad. Asimismo, considera que una real inclusión se dará en la medida en que como sociedad se deje hablar del tema, y la única preocupación sea la convivencia.

¿Qué cambios ha habido en la sociedad respecto del tema de inclusión y cómo lo han ido enfrentando ustedes en el programa?

El programa Diploma en Habilidades Laborales se inauguró el año 2006 en la sede de la Casona de la Universidad Andrés Bello, en Santiago y yo me incorporé a la Sede de Viña del Mar el 2011, cuando se abrió el Programa en esta sede. Desde ese momento he visto una evidente evolución de la sociedad respecto de la mirada que se tiene de la inclusión en nuestro país. Sin duda, la ratificación que Chile hizo el año 2008 de la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU), implicó para nuestro país una serie de compromisos que se han ido concretando -más lento de lo que quisiéramos- pero si se ha avanzado.

Así, por ejemplo, tenemos un marco normativo que ha ido recogiendo los compromisos adquiridos y hoy contamos con diferentes regulaciones que han impactado en nuestra cultura. Inicialmente se impulsó una normativa relacionada con la igualdad de oportunidades y luego avanzamos hacia la apertura de espacios que, hasta ese momento, eran menos accesibles para las personas con discapacidad como, por ejemplo, el laboral.

Desde el 2018, es decir 10 años después de que se ratificara la convención, contamos con una normativa que implica la reserva de un porcentaje para personas con discapacidad, aplicable a todas las organizaciones que cuenten con 100 o más trabajadores. Este año, se sumó además el requerimiento de contar con expertos en la gestión de esta diversidad que se está dando en los equipos de trabajo.

Ahora bien, es muy relevante que podamos avanzar no solo desde el marco regulatorio, sino que además podamos construir una sociedad respetuosa y no solo que tolere la diversidad. En este sentido, debemos velar porque se valore el aporte que significa para los equipos, contar con Recursos Humanos diversos que contribuyen diferentes miradas y, por lo tanto, entregan soluciones enriquecidas para los distintos desafíos que las organizaciones enfrentan en su quehacer.

¿Este tipo de programa existe en otras universidades?

Este programa ha sido pionero en nuestro país e incluso en Latinoamérica. El hecho de haber sido los primeros en implementar un programa universitario orientado a la formación sociolaboral de personas con discapacidad intelectual nos ha valido el reconocimiento de instituciones de educación superior de distintos lugares del mundo. Es así como hemos recibido solicitudes de universidades de realidades cercanas a la nuestra, como por ejemplo Argentina, a quienes hemos entregado orientaciones para la apertura de Programas con similares objetivos a los del Diploma en Habilidades Laborales.  Así también hemos acompañado a universidades de realidades un poco más lejanas, como Colombia y México e incluso nos han solicitado apoyo desde otros continentes, llegando a colaborar con universidades de España y actualmente Australia, quienes han buscado orientaciones para implementar programas como el nuestro.

En Chile fuimos los primeros en abrir una instancia formativa como la que ofrece la Universidad Andrés Bello; este recorrido lleva más de 17 años, ya que  iniciamos el levantamiento de información y la construcción del modelo educativo en el año 2005 para inaugurar en marzo del 2006. Luego de ello, otra Universidad abrió un programa similar. Sin embargo, en Viña del Mar -que es la sede donde yo dirijo el Programa- y en la sede de Concepción, somos los únicos con una oferta universitaria para personas que presentan discapacidad intelectual.

¿Qué particularidad los identifica y cómo eso es un aporte para los estudiantes?

El modelo educativo que tenemos está centrado en el aprendizaje del estudiante y para ello, contamos con un equipo multidisciplinario que permite dar una respuesta muy personalizada frente a las barreras para el aprendizaje que enfrentan los alumnos.

Nuestro objetivo es entregar herramientas funcionales para que los estudiantes puedan construir su proyecto de vida basado en sus múltiples fortalezas, de manera de proyectar un futuro lo más autónomo posible.

La formación que impartimos consiste en la entrega de herramientas prácticas que los habilite para el desarrollo de una actividad productiva en entornos abiertos y normalizados. Con ello buscamos que puedan insertarse laboralmente en organizaciones de las respectivas regiones donde se imparte el programa y así aportar a la mejora de su calidad de vida. Ello, debido a que la participación social de toda persona en edad laboral se concreta, en gran parte, a través del ejercicio de un trabajo que permite no solo asegurar cierto bienestar material, sino que además otorga bienestar emocional, la posibilidad de un desarrollo personal más concreto, opciones de relacionarse interpersonalmente con otros, capacidad de autodeterminarse, entre otras dimensiones que componen la calidad de vida.

¿Qué desafíos tenemos como sociedad en esta materia?

Es innegable que hemos avanzado mucho desde la ratificación de la convención, sin embargo, todavía nos queda un gran camino por recorrer. En la actualidad nos enfrentamos a organizaciones que están disponibles a cumplir con la normativa, contratando dentro de su dotación al 1% de personas con discapacidad que el marco legal exige. Ahora bien, cabe preguntarse cuál es la motivación de fondo que ha llevado a avanzar en la contratación de este colectivo que siempre ha estado disponible para incorporarse a la fuerza laboral del país. Las cifras demuestran que efectivamente ha habido un aumento en la incorporación de personas con discapacidad a los entornos laborales regulares y me gustaría pensar que, más que responder a la exigencia legal, esta tendencia se debe a que las compañías se dieron cuenta del valor que tiene contar con Recursos Humanos diversos.

Por mucho tiempo se habló de tolerar la diversidad y luego pasamos a respetarla, pero hoy es momento de poner en valor la riqueza que significa, para cualquier grupo humano, contar con personas que cuentan con miradas, herramientas y por tanto, soluciones y propuestas diferentes.

Otra arista indispensable en la que se debe seguir avanzando, es en materia de política pública. No se puede desconocer que el país se encuentra en un momento de mayor madurez respecto a la inclusión de personas con discapacidad de lo que estábamos hace unas décadas atrás. Sin embargo, es importante velar por que todas las iniciativas que se impulsen en relación con el marco normativo estén articuladas para así, asegurar el ejercicio de todos los derechos a lo largo de las diferentes etapas de vida que enfrentamos todas las personas. En definitiva, que el marco legal se planifique de manera armónica con el proyecto de vida de las personas que presentan discapacidad y que éstas no encuentren vacíos al momento de pasar de un estadio al otro, como por ejemplo la transición de la etapa escolar a la de educación superior, o de ésta, al mundo laboral. En resumen, se trata de asegurar espacios de participación para todas las personas sin que nadie quede atrás, lo que, desde mi punto de vista, vamos a lograr como sociedad el día que podamos dejar de hablar de inclusión y que nuestra única preocupación, sea la convivencia.

 

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