NACIONAL


Juan Ignacio González, integrante de la Conferencia Episcopal, sostiene que “nada se dice del derecho a crear y gestionar entes particulares en el ámbito educativo”.

El obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González, quien también es abogado titulado de la UC, analizó con el Diario de la Educación la propuesta constitucional y denunció una “intención estatizante” de la enseñanza en el país.

-¿Por qué el texto propuesto por la Convención no ha concitado atención amplia y transversal?

Nosotros hacemos una constatación fáctica. Creo que no quedaron expresados en el texto las realidades diversas y las distintas sensibilidades que se dan en nuestra sociedad. Muchos esperaban – yo también – un ambiente de unidad y resultó lo contrario.

-Ustedes los obispos dicen que no proponen soluciones técnicas, que tienen que ser discutidas por la sociedad en su conjunto, ¿qué otras soluciones en concreto cree que serían mejor y necesarias?

Se trata de encontrar caminos de unidad, de paz de concordia. Que cada uno de nosotros, especialmente los que tienen responsabilidades públicas, se lo pregunten; cómo construir la casa común, para que sea de todos, no es una utopía.

-También sostienen que “no todas las materias tienen la misma densidad ética”. ¿Qué distinciones necesarias se requieren para lo que este párrafo indica?

Es una distinción clásica en la Doctrina Social de la Iglesia: hay materias en que las soluciones pueden ser muy variadas y las señalamos. ¿Qué será lo mejor para reconocer, como corresponde, los derechos de los pueblos originarios? Tendremos distintas soluciones, como se prueba al ver las diversas leyes sobre la materia en el correr de los años. ¿Qué será lo mejor para lograr un sistema de equilibrio de poderes, propios de las democracias occidentales? Muchas soluciones son posibles. Y así. Pero cuando se establece el derecho al aborto, un camino abierto a la eutanasia, se desmerece el derecho de los padres a la educación, en diversos ámbitos, de los hijos, entramos en temas en que se toca la dignidad de la persona humana. Ahí, entonces, por lo menos para quienes tiene una visión antropológica fundada en el cristianismo, nos enfrentamos con aspectos que llamamos esenciales, que no son negociables y marcan, entonces, la necesidad que desde ellas se analice todo el artesonado constitucional propuesto.

-Entonces el texto de la Convención ¿no respeta, ni promueve la dignidad del ser humano?

Creo que hemos sido muy claros al expresarnos: “El problema es que el proyecto, entre otros aspectos, sostiene el derecho al aborto, asume una orientación cuestionable de la educación sexual, donde los padres participan de una forma muy insuficiente, y promueve una teoría radical de género; todos aspectos incompatibles con la fe cristiana. Al quedar sujetos a lo que establece la propuesta de Constitución -en materias esenciales-, se pone en riesgo la libertad religiosa, lo que se agrava si consideramos que la propuesta no da un rango constitucional a la objeción de conciencia. Habría personas o instituciones que, por lo tanto, podrían ser forzadas a asumir prácticas o transmitir valores contradictorios con su fe”. De esa afirmación se concluye que hay aspectos del proyecto de Constitución que no solo no respetan o promueven la dignidad, sino que son abiertamente contrarios a ella. Que cada uno deduzca, con su conciencia bien iluminada, qué debe hacer.

-Sobre la plurinacionalidad y pueblos indígenas que plantea la nueva carta magna, de aprobarse, ¿qué es lo bueno, lo malo y por qué?

Desde la enseñanza social de la Iglesia, es un valor el reconocimiento de los derechos de estos pueblos. Es necesario aceptar claramente que “arrastramos una injusticia histórica que los ha menoscabado.” Y que se requiere “un cambio real, que se traduzca en políticas y prácticas que expresen un nuevo trato y una integración verdadera al país y a su desarrollo”. Esto está muy claro. El tema de fondo es cómo se realiza ese reconocimiento e integración, partiendo de la base que, como enseña Francisco, “la propia identidad cultural se arraiga y se enriquece en el diálogo con los diferentes y la auténtica preservación no es un aislamiento empobrecedor”. El texto quedó en esta materia esencial, completamente desbalanceado, hasta llegar a la lógica de “pensar en un conjunto de naciones dentro de Chile, las cuales podrían determinar su relación con el resto del país de modo autónomo y, a la vez, consagrado en la Constitución”. Estimo que ese camino extremo creará muchas más dificultades y problemas a nuestros hermanos de los pueblos originarios, más allá de los problemas políticos y administrativos que se produzcan. El carácter unitario de Chile está en su ADN y en el proyecto no se promueve.

– ¿Porqué afirman los obispos que “estamos ante una acepción neutra y desfigurada de familia”?

En esta materia, los cristianos tenemos la mismísima enseñanza de Dios. Ya el libro del Génesis enseña que Dios nos creó varón y mujer. Esa es la base de la familia y la familia es el fundamento de la sociedad. En el proyecto “toda unión entre personas sería familia”. Pero resulta evidente que con ello queda desatendida la familia formada por un hombre y una mujer. No es que no haya que apoyar otras formas de unión, pero en este ámbito el Estado no puede ser neutral.

-¿Y sobre el “desigual trato constitucional a la educación particular subvencionada”?

Ésta es una materia muy esencial, especialmente en un país como Chile, que ha fundado, por décadas, la educación en un sistema mixto, en que en igualdad de condiciones el Estado apoya la educación pública, del todo necesaria y la particular. La última no está en pugna con la primera, más aun, es una consecuencia lógica “de las responsabilidades esenciales de la familia en la educación de los hijos, un derecho y un deber insustituible e inalienable, que no puede ser totalmente delegado o usurpado por otros”. Como dijimos, esta exigencia no queda para nada clara en el texto, sino al revés. “Al ni siquiera mencionarla, se descubre una intención estatizante de la educación. Nada se dice del derecho a crear y gestionar entes particulares en el ámbito educativo”.

-Qué propone la Iglesia Católica para mejorar estas normas del texto constitucional?

Pienso que corresponde a la política lograr diseñar un texto de “casa común” en que haya un lugar para cada uno y sus ideas y cada uno encuentre su lugar. Nosotros aportamos principios, orientaciones que son muy conocidas. “El primero de esos principios es la dignidad de la persona humana, seguido de otros como el bien común, la subsidiariedad y la solidaridad, además de otros principios derivados, y de valores como la verdad, la libertad, la justicia, la paz y la caridad. Todos ellos, debidamente articulados, con su contenido específico, orientan desde la fe y la razón la construcción de la sociedad humana”.

-De aprobarse esta nueva Constitución, ¿se pone en riesgo la libertad religiosa?

“La libertad religiosa no es un valor solo para las confesiones religiosas, sino un derecho fundamental, inscrito en la naturaleza humana que no debe ser ni obstaculizado ni coaccionado en su ejercicio”. Estimo que se perdió una gran oportunidad en materia de libertad religiosa. Recordemos que todas las confesiones religiosas propusimos un texto, debidamente fundamentado, que simplemente fue rechazado. Quedaron en el texto algunos de los contenidos esenciales presentes en los tratados internacionales de derechos humanos aprobados por Chile. “No se consignó el derecho de cada persona a actuar siempre conforme a su conciencia, aspectos esenciales especialmente en un texto que transgrede abiertamente algunos elementos fundamentales de la dignidad humana (aborto, eutanasia, derecho de los padres, etc.). Habría personas o instituciones que, por lo tanto, podrían ser forzadas a asumir prácticas o transmitir valores contradictorios con su fe”.

– ¿En qué aspectos fue insuficiente la propuesta sobre libertad religiosa?

Por ejemplo, no reconoce la autonomía interna de las confesiones, especialmente en situaciones de vulnerabilidad (hospitales, lugares de cumplimiento de penas, hogares de menores, etc.). Un enfermo en un hospital tiene derecho a ser atendido por un ministro de su confesión. Eso hoy día queda a la decisión de un reglamento unilateral que dicta la autoridad administrativa. Lo mismo en las cárceles. Desechar el camino de los acuerdos – tan en boga hoy – expresó la incapacidad de muchos convencionales de comprender el sentido profundo de la libertad religiosa. Por último, el sistema establecido para dar reconocimiento jurídico a las confesiones deja en manos de órganos administrativos su existencia o supresión, lo cual puede poner en peligro el pleno ejercicio de la libertad religiosa. Los órganos del Estado pueden tener un papel declarativo en cuanto a las entidades religiosas, pero no constitutivos.

-De ganar el Rechazo el 4/9, ¿qué sería lo mejor para Chile, hacer de nuevo otra Constitución o llegar a un acuerdo en solo los asuntos en los cuales la gente no está conforme?

Otra vez la política debe mostrar el camino. No tenemos ni tengo una respuesta específica, porque no es nuestra misión. Pero “todo indica que el debate constitucional continuará en el país después del 4 de septiembre, independiente de la opción que triunfe en el plebiscito. Es importante que sea un debate no solo por un texto y las mejores normas, sino por cómo seguimos buscando un desarrollo cada vez más humano e integral para todos, pues el bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día. Tenemos la fuerte esperanza de que Chile encontrará caminos de unidad y concordia. Hoy el país está tensionado y dividido. Nos costará salir de esta realidad, pero si hay generosidad y amor a Chile, lo lograremos.

 

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