OPINIÓN


Heraldo Barriga Valenzuela, rector Colegio Concepción Los Ángeles

Quisiera compartir algunas ideas en relación al artículo publicado en este diario y que hace referencia al ausentismo escolar; situación que se define como grave (VER NOTA). 

He leído cuidadosamente el artículo y la verdad es que comparto algunas ideas que allí se plasman, pero también tengo mis diferencias con algunos puntos y especialmente lo que plantea la Sra. Consuelo Iturrieta, quien, al parecer, le entrega la mayor responsabilidad de esta deserción o exclusión como ella lo denomina a los establecimientos educacionales.

Personalmente, llevo más de 35 años dedicado a la educación y creo que el problema radica en que a medida que ha pasado el tiempo, las familias delegan con mayor frecuencia, su responsabilidad de educar a los establecimientos educacionales y se han transformado en agentes obstaculizadores más que ser aportes positivos a la gestión de los centros educativos.

Hoy es muy fácil encontrar familias que centran su atención en aspectos negativos, quitándole valor al trabajo formativo valórico que se realiza en la escuela.

Desde mi perspectiva, creo que se ha perdido la confianza en los centros educativos, pero, al mismo tiempo, creo que, si se dan las condiciones, condiciones que por su puesto debemos generar todos quienes formamos parte de las comunidades educativas (docentes, alumnos, padres y apoderados, equipos de apoyo, etc.) sería muy fácil revertir esta situación.

Desde mi experiencia personal, creo que debemos dejar de ver a nuestros estudiantes como un número de matrícula y aprender a verlos como personas, con virtudes y defectos y si tenemos la capacidad de generar trabajo en equipo, propiciar espacios motivadores en aspectos fundamentalmente de tipo afectivo, es posible deducir considerablemente la deserción escolar.

Creo que hoy una de las cuestiones necesarias y que aún no se ha concretado plenamente, es la capacidad de diálogo o de empatía como llaman algunos, entre todos quienes formas parte de este proceso educativo.

Actualmente, las escuelas ven a los apoderados como una amenaza y creo que esto se ha producido fundamentalmente porque se ha perdido esta confianza, confianza que desde mi punto de vista es clave para lograr los avances que queremos en el plano educativo.

Seguimos trabajando como islas en donde se han perdido los objetivos comunes y también se ha perdido el humanismo en educación.

En mi experiencia personal, actualmente me encuentro dirigiendo un establecimiento educacional humanista y laico, llegando a tener este año 2022 la mejor matrícula histórica, y creo que eso ha sido posible gracias a que con mi equipo hemos entendido primero; que estamos trabajando con personas y que estas personas han confiado en nuestro Proyecto Educativo porque hemos construido y trabajado objetivos comunes y además porque hemos aprendido  que cuando los problemas se abordan oportunamente y con una autocrítica real  y efectiva, las cosas resultan mejor.

Creo que hoy es urgente que humanicemos más la educación y esto se logra dejando de lado las injusticias, las soberbias, los malos tratos, las inconsecuencias, pero de todos los actores, porque no podemos desconocer que hay familias intolerantes, poco empáticas, altamente centradas en la crítica negativa, pero también debemos reconocer que hay docentes con esas mismas características y eso genera estas polarizaciones que finalmente provocan ambientes hostiles para niños y jóvenes, llegando como consecuencia de ello a abandonar los centros educativos.

 

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