OPINIÓN


Samuel Fernández, ex embajador, abogado y académico. Fuente: Diario Constitucional.cl

No es época de hacer balances, ni evaluaciones concluyentes, nada obliga hacerlos y no hay resultados definitivos todavía. Sin embargo, tampoco nada lo impide, sólo se corre el riesgo de que cualquier conclusión sea apresurada o incompleta, lo que es natural en temas internacionales siempre dinámicos y sorpresivos, y que tienen la capacidad de cambiarlo todo súbitamente. Ya han sucedido hechos enormemente significativos, en lo que va de este año, y se pueden entrever otros, igualmente trascendentes, sin pretender adivinarlos. Veamos dos, que no siendo equiparables, podrían evaluarse de manera simultánea. La guerra en Ucrania y el fallecimiento de la Reina Isabel II. Varios analistas ya han expresado su opinión, pues están a la vista. Sólo deseo presentar una propia, sin disentir de muchas ya conocidas. Ambos hechos han atraído el interés mundial, entre otros este año, y mostrado dos realidades divergentes en el campo internacional, sobre todo por su oportunidad y resultados para sus actores principales.

La invasión rusa a Ucrania ha llegado a los siete meses, sin logros evidentes para el agresor ni una derrota definitiva para el agredido. Si los combatientes fueren similares, sería lo esperable, pero no ha sido así. El invasor es inmensamente más poderoso, por ser una de las tres máximas potencias mundiales, en lo político y en lo militar. Y sin embargo, aunque Rusia persista en su acción, como todo lo indica y sin plazo de término, la victoria completa se aleja, y la desgasta día a día. La vecina Ucrania, con menor capacidad guerrera, muy pero decidida, todavía la contiene, y hasta recupera territorios ocupados por la potencia atacante, contra todo pronóstico. No era éste el propósito invasor ruso. No estamos en la época donde las guerras podían prolongarse por años y hasta décadas. Quedó en el pasado. Las armas y la tecnología bélica modernas, debieran permitir definirlas en pocos días, y mientras más rápido, mejor. La demora siempre irá en contra del atacante, pues posterga o hace impredecible su resultado. Igualmente, la intercomunicación actual, hace indispensable que cualquier acción bélica tenga no sólo el respaldo interno, sino el internacional. En este caso, el primero es manipulado, y el externo, simplemente no lo tiene.

Por su parte, el largo período de Isabel II en Gran Bretaña, ha concluido, y es posible afirmar que su fallecimiento, si bien esperable ante su longevidad, ha permitido aquilatar la importancia de su enorme legado. Cualquier cuestionamiento intencionado que hubiere, para sus setenta años de reinado, ha quedado olvidado y superado al evaluarse la inmensa misión cumplida, hasta el último momento de sus capacidades. Parte de este mundo siendo todavía más respetada y trascendente que durante toda su vida. Sus obsequias fúnebres, preparadas con antelación, según el ceremonial monárquico británico tradicional, con añadidos de la propia Reina, se ha cumplido con su exactitud prevista, y con la gran pompa protocolar correspondiente. La entronización del nuevo  Rey Carlos III, que esperó largamente, permitirá que la institución monárquica británica, prosiga de la manera acostumbrada, afianzada por la era de su madre, y proyectada a la actualidad sin sobresaltos. Seguramente la coronación oficial, así lo demostrará, por sobre especulaciones infundadas y triviales, basadas en conductas personales superadas.

Pocos momentos en la historia moderna, han congregado la concurrencia de la mayoría de los líderes mundiales, casas reales, vigentes y pretendientes, con representantes de la Mancomunidad, y dignatarios de todos los países. Una oportunidad notable y propicia para que, paralelamente al merecido homenaje a la difunta Reina, y al propio Reino Unido, los asistentes se encuentren, reanuden vínculos, e intercambien saludos, ideas y porqué no, hasta decisiones para el futuro político y económico entre sus respectivos Estados. Una verdadera reunión mundial al más alto nivel, en un mismo momento y lugar, que ninguna Asamblea General de las Naciones Unidas, que ya se realiza, más dividida que nunca, los podría congregar. Raras y excepcionales han sido las Cumbres de Jefes de Estado o de Gobierno, sólo posibles de manera cuidadosa, trabajosamente preparadas, difíciles de programar y llevar a la práctica. La diplomacia profesional de todos los países asistentes (ciertamente no la improvisada), seguramente habrá sacado partido de esta oportunidad única y especial.

Si bien las comparaciones son ingratas y a veces antojadizas, aquellas sobre actores y resultados internacionales, siempre corresponden. Por ejemplo, podríamos imaginar si alguien como el Presidente Biden, o si fuere Putin, o el propio Xi Jinping, por nombrar a los tres gobernantes de las principales potencias (hoy tan confrontados), pusieren término a sus respectivos mandatos o si fallecieran. ¿Podrían reunir a las principales autoridades mundiales como lo ha hecho Isabel II? Seguramente nada parecido y con menor participación, o tal vez, sólo con homenajes de fieles seguidores. Tampoco habría el mismo recuerdo respetuoso y transversal brindado a la Reina. En el caso de Rusia y China, debemos agregar que, a diferencia de ella, han aumentado sistemáticamente su poder interno, y pretendido extenderlo, sin contrapesos y de manera permanente, así fuere por la fuerza de las armas o las presiones de todo tipo en la esfera internacional. Ambos, no han estado en los funerales de la Reina. Putin no fue invitado, y Xi, lo ha evitado. Ha sido una oportunidad de liderazgo perdida. El verdadero, el que se le otorga a aquellos que no son sus dependientes ni son forzados a demostrarlo. El que se gana por prestigio propio. Deben haber observado el funeral de Isabel II, y a Gran Bretaña en su homenaje, con bastante incomodidad. Ni qué decir de la conmovedora y respetuosa despedida de los propios británicos, que posiblemente nunca tendrían en su caso.

Seguramente les espera un paso por la historia cargado de reproches, y probablemente serán juzgados con más severidad que aceptación. Ya se anuncian procesos por crímenes de guerra contra Putin, que aunque no se materialicen, ha sido juzgado. Nuevas masacres comprobadas recientemente en territorios ucranianos liberados, aportan pruebas. Si bien, está en plena campaña de búsqueda de aliados, y los visita toda vez que puede. No obstante, las ayudas y el prestigio, no lo recupera, sigue sancionado y la receptividad resulta forzada y escasa. En el caso de XI, por sobre las acostumbradas frases de circunstancia propagandística, todo resulta formal y sin evidencias de autentico soporte. En definitiva, hay una nueva realidad mundial: Rusia necesita más el apoyo de China que a la inversa. Y no desea asociarse a un perdedor, ni arriesgar su expansión económica ni financiera, que es la base de su actual poder, indispensable actualmente, en el ejercicio del más competitivo capitalismo económico que practica.

El pueblo británico ha sabido responder con civilidad y costumbres remarcables, al despedir a su Reina, que fue exactamente, la monarca que esperaban que fuera, y que respondió con elegancia, dedicación, y dignidad, su servicio a la Corona, en toda su existencia. Permanecerá largamente admirada y recordada. No será así para muchos líderes actuales, que es mejor no mencionar ni visibilizar, y que la historia terminará por rechazar. Algunos, con un balance personalizado inevitable de su oprobioso lugar en la historia mundial.

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