OPINIÓN


Francisco Castañeda G., académico Escuela de Negocios, Facultad de Humanidades, Universidad Mayor.

El recién informado déficit en cuenta corriente de 8,5% del PIB no ha dejado a nadie indiferente. En términos gruesos este déficit es el exceso de gasto de la economía respecto a su producción, la que se materializa en teoría con un aumento de importaciones netas y/o un mayor pago neto al resto del mundo por renta a la inversión extranjera y/o por un mayor pago neto de intereses de la deuda.

Ya en el tercer trimestre del 2021 este déficit había escalado a 6,4% del PIB (en variación anual) como consecuencia de los retiros de las AFPs y de las transferencias fiscales, que buscaban amortiguar los ingresos perdidos en pandemia.

La presión sobre la demanda agregada por la gigantesca liquidez representó casi un tercio del PIB, generando una fuerte presión en el set de bienes importables, alcanzando estos bienes tasas de variación anual entre el 80% y el 30%, incluidos el 2021 y gran parte del 2022.

Así la balanza comercial (bienes y servicios) se hace deficitaria en la segunda parte del 2021 por el enorme influjo de liquidez en la economía, alcanzando el -3,5% del PIB en la actualidad, no obstante, en los últimos años se comportó con un superávit comercial o déficits moderadamente negativos (alrededor del -2% del PIB).

De manera que no son el déficit en la balanza de servicios ni menos la renta devengada de la inversión extranjera los principales detonantes de este altísimo déficit en cuenta corriente (que implica con datos del segundo trimestre 2022 una salida neta anual de 26 mil millones de dólares); sino es el deterioro de la balanza comercial producto del mayor gasto público y de la destrucción del mercado de capitales que permitió una gran liquidez y un mayor y excesivo volumen de gasto e importaciones.

La no sostenibilidad actual del déficit en cuenta corriente no se resolverá con una depreciación del tipo de cambio; ya esto ha estado operando por diferentes canales (incertidumbre doméstica e internacional) y esperar un nivel mayor de tipo de cambio para corrección del gasto es arriesgar mayores tasas de política monetaria y mayores niveles de inflación de los que ya tenemos, con los consiguientes efectos contractivos en producto y empleo.

Este mayor déficit en cuenta corriente, para ser reducido y así no impactar a las variables financieras claves, debe ser morigerado ya sea por un mayor ahorro del sector privado y/o por un mayor ahorro del sector público.

No obstante, el proceso constituyente ha comprometido mas recursos públicos, y además el programa del actual gobierno pretende financiar mas gasto con una propuesta de recaudación tributaria en régimen del 4% del PIB, lo que en las actuales condiciones económicas (inflación del 13% y un crecimiento nulo y negativo) no parece del todo viable.

Aunque Hacienda considere déficits fiscales acotados (-2,6% del PIB) para contener el gasto público (crecería el 2023 aprox. un 3,0%), la menor recaudación derivadas de crecimientos económicos nulos o negativos, sumadas a las mayores presiones de gasto, podrían hacer inmanejable este exceso de gasto agregado en la economía el que se arrastra desde hace varios trimestres.

 

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