OPINIÓN


Ya se encuentra próximo a la entrega de la versión definitiva del nuevo texto constitucional que se propondrá al país. Para que, en un plebiscito vinculante, los ciudadanos puedan discernir si rechazar —opción, de acuerdo con las encuestas, la más probable— o, aprobar dicho texto.

Ya están quedando atrás las barbaridades que los chilenos fuimos testigos, partiendo por aquella constitucional indígena, que en la inauguración se enojó muchísimo porque una maravillosa orquesta de niños interpretó la canción nacional de Chile; o de la gran estafa de un constituyente que tuvo que renunciar porque había mentido -y así ganó el cargo- , manifestando una supuesta enfermedad, o atrás quedaron la votación de otro constituyente, que pidió participar de la sesión, que era día de votación, desde la ducha de su casa; u otra constituyente que nos recordó que a partir de la nueva constitución, la restitución de las tierras partía por Santiago, pues era territorio ancestral; o atrás quedaron los cuantiosos gasto que significó el último viaje de los constituyente a la Región de Antofagasta, en donde de acuerdo a la programación que se conoció, más se acercaba a un viaje de turismo que de trabajo; o de otra Constituyente que abiertamente planteó que no apoyaría ningún artículo que dijera libertad de enseñanza o derecho preferente de los padres, por entender ella que esos conceptos se relacionaban con el mercado. Todo lo que incluye este largo párrafo, es solo por nombrar algunos de los problemas que tuvo en su funcionamiento la convención durante la escritura del borrador.

¿Cuál fue el resultado, entonces, en áreas tan relevantes para el país como es la educación? Poco o nada. Oportunidad histórica perdida, o tal vez un retroceso en lo que conocíamos.

En una columna en El Mercurio, el Profesor J.J. Brunner resumió muy bien lo que se propone en el proyecto de constitución en materia educacional y dijo: “Así, son fines de la educación, entre otros, la conciencia ecológica, la prevención de la violencia, la justicia social, la convivencia democrática y el desarrollo integral de las personas. Curiosamente, no se incluye allí la formación ciudadana, hoy un tema mundialmente debatido y una urgente necesidad en nuestra sociedad.”

Y prosigue; “Los principios que deberán conducir a la educación son igualmente abundantes: cooperación, no discriminación, inclusión, justicia, participación, solidaridad, interculturalidad, enfoque de género y pluralismo. Además, ella tendrá carácter no sexista; se desarrollará de forma contextualizada, considerando la pertinencia territorial, cultural y lingüística. Pero hay más todavía: la Constitución garantiza, adicionalmente, educación sexual integral, educación ambiental, digital, basada en la empatía y el respeto hacia los animales, para el consumo responsable, cívica a nivel municipal y educación sobre el patrimonio.”

Nuestros lectores, la mayoría vinculados al mundo de la educación, directores de colegios, profesores de establecimientos educacionales, directivos y académicos de la educación superior, deténganse un minuto en reflexionar en qué tendrían que realizar al interior de sus aulas o de sus establecimientos para alcanzar dichos objetivos de aprendizaje.

Pero adicionalmente nos debemos preguntar ¿cómo se lograría?, si ya el mismo texto constitucional plantea que el Estado deberá articular, gestionar y financiar un Sistema de Educación Pública, de carácter laico y gratuito, compuesto por establecimientos e instituciones estatales de todos los niveles y modalidades educativas, dejando claramente fuera de esta preocupación estatal, a los colegios particulares subvencionados que acoge a más del 50% de la matrícula escolar y las instituciones privadas de educación superior que acoge a más del 80% de la matrícula.

Para todos los involucrados con el mundo educacional real, objetivamente sabemos que dichos principios rectores son incumplibles, ante lo cual este derecho, como lo plantea el texto constitucional, es letra muerta.

En definitiva, una oportunidad histórica perdida y un retroceso inexcusable.

 

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