POLÍTICA


Samuel Fernández, exembajador de Chile, explica rol de los representantes en el extranjero y su papel plenipotenciario otorgado para su desempeño.

Una lluvia de críticas acumula el embajador de Chile en España, Javier Velasco, luego que se le viera en una fotografía en el asiento trasero de un vehículo, aparentemente acariciando las piernas de una mujer, lo que desembocó en que el Gobierno le hiciera un llamado público “al orden y la prudencia”. Este hecho se suma a que previamente el diplomático entregó opiniones personales sobre el estallido social en un foro realizado en Madrid.

Las razones tienen que ver con la responsabilidad de los embajadores, al ser representantes del Estado, lo que está aparejado de una serie de normas y conductas que se deben cuidar.

El exembajador, profesor de la Academia Diplomática y académico de la Universidad Central, Samuel Fernández, explicó al Diario de la Educación aquellas responsabilidades de un embajador asume como tal, y aquello que deben cuidar cuando están en labor de representación. “Los embajadores tienen obligaciones muy características, no solo representar al país, sino que, además, son personas que no deben jamás inmiscuirse en los asuntos internos de los Estados en el cual están acreditados. Todo lo que digan representa al Estado, por algo son plenipotenciarios”.

Fernández agregó que en su calidad de representante “no actúa por cuenta propia. Se actúa a nombre del Estado y esto es permanente, no es un día sí o un día no, lo es 24 horas al día permanentemente”, dijo.

El académico explica que, si bien los embajadores tienen todo el derecho a tener una opinión personal frente a temas de los países y de políticas internas, normalmente no se expresan en el ámbito público, ya que esa acción en particular puede llevar a confusiones, en su relación con otros Estados.

“Si se tienen opiniones personales por lo general la diplomacia no las hace porque es muy difícil distinguir si se está actuando a nombre del Estado, del país, o a nombre del presidente de la República, al ser representante del jefe de Estado ante los demás jefes de Estado, o lo hace a título personal. Entonces, esto puede crear una confusión de cuándo está actuando a título personal y cuándo está actuando de otra manera. Es por ello que los profesionales de la diplomacia no emiten opiniones personales”, aseveró.

Y si bien destacó que el diplomático en España ya tuvo una instrucción pública por sus actos, y no se ha conocido queja desde el país en el cual está realizando sus labores, es resorte del presidente de la República, mediante la cancillería, evaluar el comportamiento de su funcionario y si eso se ajusta a las políticas internacionales y la relación que se quiere establecer con el país que acredita. “Es él quien decide si lo traslada, lo sanciona, o lo amonesta, esto lo hacen normalmente los Estados y ahí es donde hay que evaluar si la actividad diplomática que está desempeñando prestigia o no y coincide o no con los objetivos que tiene chile respecto de España”, aclaró.

 

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